La violencia de género es un problema de salud pública. En el caso particular de la violencia de género en adolescentes, las consecuencias pueden ser devastadoras, dado que tiene lugar en un momento evolutivo clave en el desarrollo. La neurociencia del desarrollo apunta que, especialmente en la primera parte de la adolescencia, los cambios que ocurren a nivel cerebral y el desarrollo neuronal son extraordinarios, por detrás solo de los que ocurren en la primera infancia. De ahí que esta etapa sea vital para el desarrollo, y que las experiencias vividas en estos años tengan consecuencias el resto de la vida. Por ello, no solo la prevención, sino una intervención temprana y adecuada es fundamental para mitigar las consecuencias de la violencia.
