VIOLENCIA MACHISTA COTIDIANA

A continuación, pasamos a otro de los apartados que más interesan a los alumnos y sobre todo a las alumnas, ya que se trata de dar visibilidad a las violencias machistas que éstas han de sufrir de forma diaria por el mero hecho de ser mujeres. Es necesario recalcar que la cotidianeidad de este tipo de conductas lleva directamente a su normalización y la normalización lleva a su justificación en mayor o menor medida.

La violencia cotidiana a la que nos referimos en este apartado abarcará:

  •  Piropos o comentarios sobre el aspecto físico.
  • Comentarios de naturaleza sexual por la calle.
  • Tocamientos o acercamiento innecesario en lugares muy transitados, como el transporte público o una discoteca.
  • Exhibicionismo.
  • Hostigamiento. Perseguir a una persona por la calle.

En base a nuestra experiencia directa en las aulas, detectamos tres problemáticas por parte de los alumnos varones:

  •  Restan importancia a este tipo de violencia.
  •  No conocen la frecuencia y la gravedad de los hechos que puede implicar.
  •  Consideran que esas situaciones solo les ocurren a determinadas mujeres (que encajan en cierto prototipo de belleza y juventud).

En las edades de nuestra población objetivo aún existe una importante segregación social por sexo. Los grupos de amistades están aún muy divididos entre chicos y chicas, y los varones tienen poco conocimiento de las situaciones que afectan a sus compañeras y los sentimientos que despiertan en ellas.

A continuación, exponemos una tabla de contraposición de percepciones que hemos encontrado en nuestra formación. Podrá ser útil para formular dinámicas en las que ambos sexos interactúen conociendo la perspectiva del otro.

Objetivos:

Conociendo esta información, la dinámica elegida buscará como objetivo principal que los alumnos y alumnas identifiquen este tipo de situaciones como una forma de violencia machista, ya que no les ocurren a ambos sexos por igual, sino que son las mujeres aquellas que las sufren por el hecho de serlo, y se cuestionen los motivos por los que esto sucede.


Dinámicas:

Al tratarse de fenómenos percibidos como menos graves o, incluso, normalizados, podremos en este punto incrementar la interacción con el alumnado, haciendo preguntas directas sobre sus propias experiencias personales.

Sondeo y debate:

La dinámica que proponemos priorizará el debate entre las mujeres y los hombres de la clase para que puedan exponerse los diferentes puntos de vista que detallábamos en la tabla anterior y contraponer sus testimonios.

Esta dinámica consiste en lanzar una primera pregunta a las alumnas presentes en la clase. En concreto se pregunta lo siguiente:

En el último mes, ¿a cuántas de vosotras os han seguido por la calle, os han hecho comentarios sobre vuestro aspecto físico cuando caminabais por la calle, se os han acercado demasiado en el transporte público, os han tocado el claxon del coche, habéis sentido miedo cuando volvíais solas a casa…?

La experiencia en las aulas nos indica que, generalmente, las mujeres no responden directamente a este tipo de preguntas, ni suelen levantar la mano si no hay otra compañera que lo hace primero. Sin embargo, suelen reaccionar de forma expresiva o comentar en voz baja con la compañera de al lado la respuesta. Su reacción pública llegará después, cuando se les haga a sus compañeros varones las mismas preguntas que a ellas.

Es momento de preguntar a los chicos: En el último mes ¿a cuántos de vosotros os han seguido por la calle, os han hecho comentarios sobre el físico, os han gritado, por ejemplo: ¡qué culito!, ¿os han tocado el claxon del coche, habéis sentido miedo de volver a casa por la noche…?

En estas cuestiones incluimos una variante, hemos ejemplificado alguno de los comentarios que las mujeres suelen recibir en las calles, pero imaginando un escenario en el que es un hombre quien recibe ese comentario: ¿a cuántos de vosotros os han gritado, por ejemplo: ¡qué culito!?

Utilizando este tipo de recursos, se suelen despertar risas en la clase. Es útil aprovechar esta circunstancia para hacerles meditar sobre la diferencia que un mismo comentario provoca en ambos sexos.

Chicas, si a vosotras os hubiéramos hecho la broma del culito, ¿os habría hecho gracia? ¿Por qué no?

Debemos señalar que la causa de esas risas viene por dos motivos principales: es una situación poco frecuente para los hombres y no genera intimidación para ellos, por eso resulta cómica. El miedo es el factor determinante que marca las diferencias entre las mujeres y los hombres en los espacios públicos, como las calles. Podemos apoyarnos en los testimonios de las jóvenes de la clase, pero también en datos: el 95% de las situaciones de violencia callejera que se relataron en nuestro estudio, fueron sufridas por mujeres.
Según el análisis “Vivencias, actitudes y percepciones sobre la violencia de género”, las niñas y adolescentes perciben la calle como un entorno hostil e inseguro.

Siguiendo este planteamiento, es frecuente que los varones se apresuren a contar historias personales de ocasiones en las que han tenido miedo, por ejemplo, a que les robaran. Cada respuesta del sector masculino debe ser trasladada al sector femenino para instarle a dar su opinión sobre lo expuesto. 

Chicas, ¿vosotras tenéis miedo solo de que os roben? ¿De qué más? Antes no levantasteis la mano, ¿significa que nunca habéis sufrido situaciones como las que os hemos expuesto?

Cuando los hombres equiparan su situación a la de las mujeres, éstas se animan rápidamente a participar en la dinámica. Responden que tienen miedo de ser violadas, secuestradas o asesinadas. Este punto permite a las mujeres identificar esta violencia como una problemática social, que no solo las afecta individualmente, a otras compañeras también les ocurre. Además, anima su participación dando como resultado una respuesta global de las mujeres de la clase: sufren esa violencia, en alguna de sus formas, de forma cotidiana y constante.

La respuesta de la parte femenina de la clase nos permitirá señalar que estos sucesos que habíamos definido como “violencia cotidiana” no son otra cosa que expresiones de la violencia sexual que sufren las mujeres por el hecho de serlo. Son manifestaciones, aunque más leves, de una violencia basada en la dominación sexual de los hombres sobre las mujeres.


Una vez logrado este consenso, pondremos el foco en los problemas que los varones plantean para detectar y condenar estas situaciones.

Uno de ellos es la concepción de los piropos y los comentarios sexuales como frases halagadoras que a las mujeres les encanta escuchar. En los talleres, debemos buscar que sean las propias alumnas las que den su opinión al respecto, para ello, proponemos preguntarle a las chicas de la clase si les gustan los piropos.

De manera general, las adolescentes manifestarán que no les gusta recibir comentarios de su aspecto físico por parte de desconocidos, aunque sí los reciben positivamente de su entorno social más cercano. Esa es la diferencia que señalaremos: los límites se encuentran en el vínculo y la confianza que tengamos con la persona.

Para motivar la empatía de los varones y ejemplificar las situaciones que sufren las mujeres en su día a día, proponemos la narración de una experiencia personal de la ponente, o bien, una historia real y anónima que se haya preparado previamente. Al término de su exposición, interpelará a la clase preguntando sobre cómo se sentirían o cómo reaccionarían en una situación similar, tratando de que sean tanto hombres como mujeres los que se imaginen en esa tesitura y empaticen.


Material complementario

 

Campaña de sensibilización de la Delegación del Gobierno contra la Violencia de Género y del Ministerio de Igualdad sobre las violencias machistas “La violencia que no ves”.

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