Al reconocerse mundialmente como un delito la trata, las personas que defienden el modelo regulacionista han tratado de defender una “prostitución forzada”, ejercida por mujeres que están obligadas por sus proxenetas, que tienen una deuda con ellos, que han sido secuestradas para tal fin, frente a una “prostitución voluntaria”, que sería la que ejercen las mujeres “libremente”.
Para desenredar esta confusión, explicaremos al alumnado la diferencia entre trata con fines de explotación sexual y prostitución, profundizando en la realidad de esta última:
La trata de personas fue definida en el año 2000 en Palermo por el Protocolo para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas, especialmente de mujeres y niños de la siguiente forma:
“Por trata de persona se entenderá la captación, el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de personas, recurriendo a la amenaza o el uso de la fuerza u otras formas de coacción, al rapto, al fraude, al engaño, al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad o a la concesión o recepción de pagos o beneficios para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad sobre otra, con fines de explotación. Esa explotación incluirá como mínimo la explotación de la prostitución ajena u otras formas de explotación sexual, los trabajos o servicios forzados, la esclavitud o las prácticas análogas a la esclavitud, la servidumbre o la extracción de órganos.
”Según la RAE, ‘’prostitución’’ se define como:
‘’Actividad de quien mantiene relaciones sexuales con otras personas a cambio de dinero’’. Sin embargo, estas palabras no definen, en absoluto, la realidad de las mujeres en situación de prostitución.
Para acercarnos al fondo de la cuestión es indispensable abordar términos como patriarcado (las mujeres son el producto, los hombres los que eligen a quién comprar), capitalismo (son las mujeres sin recursos las que mayoritariamente se ven abocadas a la prostitución) y globalización (como cualquier otro producto, las mujeres a la venta provienen de todos los rincones del mundo).
Las mujeres tienen una probabilidad mucho más alta de encontrarse en una situación de pobreza que los hombres, y a la par, de encontrar menos salidas a la misma que estos últimos. Factores sociales, económicos, familiares etc. hacen que no sea realista hablar de consentimiento. Hablamos de necesidad, lo que convierte en una falacia la libre elección.
A falta de recursos como la formación, o el acceso en igualdad a un puesto de trabajo sumado a cargas familiares o simplemente a la necesidad de sobrevivir, muchas de estas mujeres han recurrido a lo que sí tienen: su cuerpo.
En un contexto en el que tanto hombres como mujeres tenemos interiorizado que el cuerpo de estas últimas está para satisfacer los deseos de los hombres, y que la violencia en el sexo es no solo deseable sino aceptable (en gran parte gracias al porno), consumir prostitución resulta, a los ojos de la sociedad, una alternativa muy normalizada, en lugar de una de las más extremas formas de violencia sexual.
Para saber más sobre la realidad de la prostitución, os recomendamos visualizar las intervenciones realizadas por las técnicas de intervención de los Programas Alternativa y Brújula de la CIMTM.
Ambos formatos están pensados para que los más jóvenes puedan acercarse con rigor a la realidad de la prostitución desde un lenguaje sencillo y fácilmente comprensible.
Para los formadores que quieran profundizar en la materia, les recomendamos visualizar la primera parte en español de las jornadas organizadas por la Coalition Against Trafficking in Women en colaboración con la Comisión para la Investigación de Malos Tratos a Mujeres. “Avances y retos de futuro en la lucha contra la trata y la explotación sexual”