Nuevas masculinidades

Como se ha explicado anteriormente, en esta formación mixta proponemos objetivos diferentes para mujeres y para hombres.

Esto es así debido a que la posición de la que parten los alumnos es muy distinta al punto del que parten las alumnas. En el caso de las mujeres, este tipo de charlas les permite expresarse libremente, pudiendo contar sus experiencias si lo creen necesario, les ayudan a darse cuenta de que el problema no es tanto de índole personal sino más bien social y cultural, generando entre ellas un sentimiento de sororidad que les aporta seguridad y fuerzas para luchar contra la lacra social que supone el machismo en todas sus expresiones, entre las que se incluye la violencia machista.

Sin embargo, la situación de los hombres ante este tipo de charlas es muy distinta. Por diferentes motivos, los hombres creen que el objetivo de las mismas es criminalizar a su sexo por completo, culpándoles de todo mal posible, no teniendo ellos más opciones que las de asumir todas las conductas que se supone que les adjudican.

A lo largo de todo este manual hemos ido exponiendo dinámicas que permiten reflexionar a los alumnos sobre cómo afecta el machismo, los estereotipos de género y los mandatos sociales y culturales a la vida de los hombres. El resultado de estas imposiciones es la masculinidad hegemónica, caracterizada por perpetuar la jerarquía de género existente, buscando la dominación sobre las mujeres.

Las nuevas masculinidades o masculinidades alternativas son aquellas que se replantean esta masculinidad impuesta y el orden jerárquico entre sexos. Algunos de los valores que defienden estas nuevas masculinidades son:

– La no violencia.
– La cooperación frente a la competitividad extrema.
– La superación de roles y estereotipos.
– La empatía.

En la formación llevada a cabo por nuestra entidad, optamos por incluir todos estos aspectos de manera transversal en cada uno de los temas expuestos, pero también es una buena opción dedicarle un espacio individual de reflexión a las nuevas masculinidades.

Es necesario hacer una radiografía del tipo de alumnos con el que los formadores y formadoras se van a encontrar.

El posicionamiento de los varones adolescentes presenta un abanico muy amplio. Así, podemos encontrar adolescentes que apuestan por una nueva masculinidad exenta de toxicidad –son los menos-, otros jóvenes que conservan ciertos aspectos de la masculinidad hegemónica, hasta llegar a individuos con pensamientos misóginos.

Es un hecho que el modelo de masculinidad hegemónica, pese a que haya ido evolucionando hacia posturas más aceptadas dentro de lo socialmente permitido, sigue siendo el modelo que adopta la mayoría de los hombres y, evidentemente, el alumnado.

De esta forma nos encontramos ante una distribución poblacional que se caracteriza por ir modificándose de forma constante conforme la sociedad avanza en lo que a los derechos y libertades de las mujeres se refiere.

A modo de ejemplo, el modelo de hombre que este país ha tenido durante el franquismo es evidente que dista mucho de la que tenemos ahora, pese a que la situación actual es bastante mejorable. Los cambios en este modelo van intrínsecamente unidos a los avances que se dan en la sociedad, ya sean legales, políticos, económicos o sociales.

De esta forma, nos encontramos que la principal característica de la construcción de la masculinidad es la capacidad de cambio y modificación de la posición de los sujetos. Es por ello por lo que el trabajo en esta área es de suma importancia. Los hombres pueden y deben jugar un papel en el feminismo.

Que los hombres tengan un papel en este proceso de cambio no quiere decir que se ha de relegar a las mujeres a un segundo plano, no hay actitud más misógina que la de echar a las mujeres del movimiento que ellas crearon para poder conseguir los mismos derechos que gozan sus compañeros los hombres. Por este motivo, el avance ha de darse desde dos posiciones. Por un lado, y la más fundamental, deben ser los colectivos feministas los que sigan reclamando derechos y avanzando hacia una sociedad más justa. Por otro lado, y gracias a estos colectivos, será necesaria la ayuda de hombres feministas dispuestos a luchar contra las masculinidades tradicionales y tóxicas con la finalidad de caminar hacia posturas más cercanas a las nuevas masculinidades.

Para llegar a este punto, es necesaria hacer una profunda reflexión sobre lo que supone ser un hombre y rechazar todos aquellos comportamientos, pensamientos o actitudes que pueden ser considerados machistas. Junto a este rechazo a lo más obvio, será necesario superar una serie de valores que, por el mero hecho de haber crecido en una sociedad patriarcal nos han sido impuestos, como puede ser el rechazo a lo relacionado con lo femenino (posteriormente hablaremos de la homofobia como uno de los principales exponentes de este punto); la comprensión de que la masculinidad no impide la expresión de sentimientos; la aceptación de la petición de ayuda en momentos en los que ésta sea necesaria, sin ser por ello una muestra de debilidad; el abandono de la violencia ya sea como método de resolución de conflictos o como forma de expresión del estado de ánimo o sentimientos; la aceptación de las inseguridades como una realidad intrínseca al ser humano…

En una posición intermedia nos encontramos la masculinidad hegemónica socialmente aceptada. Con la necesidad imperiosa de encontrar su rol en el grupo de referencia, los adolescentes tienden a llevar a cabo aquellas conductas que en su grupo se entienden como conducta normativa. Este tipo de actos, suelen estar relacionados con cómo la sociedad espera que se comporten este tipo de sujetos, que, en el caso de los hombres, incluye comportamientos machistas.

La mayoría de los alumnos que se encuentran dentro de este grupo, tienen más o menos la idea de que el feminismo supone una amenaza para el colectivo masculino. Esta idea ha de ser rebatida tanto por el formador como por la formadora, mostrándoles a los beneficiarios de la acción formativa que las reivindicaciones del feminismo se basan en la búsqueda de una sociedad más justa e igualitaria para todas y todos.

La interiorización de la masculinidad hegemónica puede llevar a la misoginia y los comportamientos violentos. Los sujetos que se encuentran en este punto se caracterizan por su ataque constante a todo lo relacionado con las mujeres, el feminismo y una encarnación de los valores machistas ya superados en los años anteriores.

Este grupo es el que podrá poner más trabas al normal desarrollo de la acción formativa. Comienzan la clase en un estado de alerta, realizarán muchas preguntas y provocarán interrupciones. Es importante responder a sus comentarios para que comprendan que mantenemos una actitud abierta y que buscamos una reflexión conjunta de la problemática, pero tampoco podemos centrar todos nuestros esfuerzos en dar un feedback continuo a sus intervenciones, pues no podemos olvidar que puede haber casos de violencia de género en el aula, y más alumnos y alumnas que requieran nuestra atención. En muchas ocasiones, será la propia clase la que responda a sus cuestiones, algo que ayudará a que este colectivo empiece a replantearse su postura.

Una vez analizados los distintos pensamientos que podemos encontrarse en las aulas, hemos de mostrar brevemente a los propios alumnos, mediante diferentes dinámicas, lo que supone el encarnar un modelo de masculinidad tóxica:

1. Homofobia como rechazo a lo femenino.

Teniendo en cuenta que se encuentran en uno de los momentos en los que tienen que decidir qué tipo de persona quieren ser y qué valores van a elegir, una de sus principales decisiones es la de qué no quieren ser y claramente no quieren tener nada que ver con comportamientos, ideas o actitudes identificadas tradicionalmente con lo femenino. De este modo, se ven presionados por una necesidad constante de mostrar las características situadas en las antípodas de lo tradicionalmente identificado como femenino: necesidad de mostrar su fuerza y rudeza, falta de expresión de sentimientos, negación de la petición de ayuda por la supuesta incapacidad que esta refleja.

Para hacerles conscientes del rechazo tan grande a lo femenino que algunos sujetos han desarrollado, suele ser interesante el preguntarles por separado, tanto a hombres como a mujeres, cuáles son los peores calificativos que han recibido o creen que podrían recibir.

Ellas siempre reciben el mismo tipo de insultos, véase puta, guarra, zorra… todos relacionados con la falta de un supuesto decoro únicamente exigible al sexo femenino. Ellos tras reflexionar brevemente sobre cuáles serían los calificativos, destacan dos tipos: los referidos a sus madres, hermanas o demás familiares mujeres o los referidos a su virilidad como maricón, nenaza…

Este es un buen punto de partida para generar un debate en torno a qué supone que lo peor que le puedan decir a un hombre sea todo aquello relacionado con mujeres, teniendo en cuenta que ya se ha debido tocar previamente el tema de los estereotipos y la imposición social que éstos tienen.

Tras este breve debate, es necesario que los alumnos entiendan hasta qué punto este tipo de ideas preconcebidas les impiden expresarse tal y como son, y lo que supone para ellos y su desarrollo personal esta falta de expresión: que no expresen sus sentimientos con sus amigos, la necesidad de parecer siempre fuerte y mantener una actitud de entereza, el tratar siempre a las mujeres desde una falsa superioridad…. Una vez se hayan involucrado de lleno en el tema ya solo hay que guiarlos y dejar que argumenten desde las distintas posiciones entre ellos para llegar a reflexiones más profundas.

2. Violencia como método de resolución de conflictos

Este es otro de los puntos más característicos de la población objetivo a la que se dirige esta parte del manual. Tanto en los cuestionarios que los propios alumnos debían cumplimentar, como en las charlas, los alumnos, al hablar de cómo un hombre debe actuar ante situaciones de violencia machista siempre responden con más violencia como primera opción para solucionar el conflicto.

Es necesario hacerles ver que, en cualquier tipo de situación y más específicamente en este tipo de momentos tan delicados, la reacción violenta puede generar y genera una serie de consecuencias negativas no solo para ellos, sino también para las víctimas.

Es importante que este tema se trate por todas las consecuencias que de cara al futuro de los alumnos pueden padecer si interiorizan la violencia como método de resolución de conflictos.

Especialmente determinante y peligrosa es la tan desarrollada creencia en la catarsis que cierta parte de los adolescentes muestran. El creer que mediante una expresión violenta como puede ser un puñetazo a una pared, parte del problema se soluciona, al menos el que tiene que ver con su estado emocional, es un caldo de cultivo muy peligroso que puede derivar en agresiones e incluso violencia machista.

3. Presencia de riesgo, falsa valentía y fuerza.

Relacionado con los dos puntos anteriores, aparece la necesidad de vivir situaciones peligrosas o de riesgo para el propio individuo. Este tipo de situaciones suelen requerir un extra de lo que ellos creen que es valentía pero que en realidad supone inconsciencia y necesidad de destacar ante sus iguales.

4. Interiorización de jerarquías sexuales en las relaciones.

Ponemos como ejemplo un tema explicado en su apartado específico: la pornografía. La falta de educación afectivo-sexual provoca que los jóvenes tengan como único referente esa serie de vídeos con contenido sexista, violento y jerárquico.

Poco a poco se interioriza la idea de la dominación masculina sobre la sumisión femenina, en base a la cual se cimentarán las futuras relaciones de pareja que construyan.

Una vez se rompan los esquemas que sustentan este tipo de actitudes, los alumnos, poco a poco con la adecuada formación, irán abriéndose al feminismo y formarán parte de la erradicación de la violencia machista.

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